Wednesday, May 17, 2017

¿Y si cambiaras?


Todos deseamos que el mundo fuera un lugar mejor. Todos miramos al constante bombardeo de tragedia y horror que nos sirven con el desayuno en las pantallas de nuestros televisores.  Vemos como la crisis económica nos desborda de preocupación y estrés, cayendo en espiral en una recesión que ya ha sido reconocida por los principales portavoces de los gobiernos como un hecho consumado, dejando de ser algo que podría estar rondando el horizonte.
Oímos las cifras globales diarias de niños que mueren de hambre, los millones de personas que mueren de SIDA o de malaria, y vemos el continuo derramiento de sangre, limpieza étnica, terroristas suicidasla cosa no parece tener fin.
Apagamos las noticias asqueados, indignados, destrozados, y sobre todo horrorizados porque parecemos tan inútiles para hacer que las cosas cambien.
Pasamos a nuestras vidas diarias y de repente afrontamos la banalidad de no ser menos que el vecino; nos damos cuenta de que estamos tirando a la basura comida en perfecto estado; nos damos cuenta de que nuestro SUV chupa gasolina; nos damos cuenta de que nuestros hijos empiezan a mostrar un interés desmedido por el consumismo; nos damos cuenta de que  nos gastamos más en una comida en un buen restaurante que lo que tienen muchas personas para vivir un mes entero o más; afrontamos preocupados los dictados en moda de esta temporada según una reluciente revista exageradamente cara; y reconocemos que se está gestando una conciencia que no se siente bien, una conciencia que nos dice que tenemos que hacer algo.
Así que, para calmar esa conciencia y hacernos sentir mejor, enviamos un cheque a una organización caritativa, o patrocinamos a un niño de un país en el que nuestro dinero vale cincuenta veces más, o hacemos alguna actividad de voluntariado, o donamos un poco de nuestro tiempo a un comedor social, y luego, para calmar más esa conciencia culpable, nos damos una vuelta por las vidas de personas que escapan a nuestra propia órbita, que viven en un extremo lejano del universo, viajan en jets privados y yates de lujo y que están de vacaciones más tiempo del que trabajan, y que se gastan 7000 € en un bolso o 250.000€ en un coche y veinte millones en una casa nueva.
Volvamos a la premisa inicial: un mundo fracasado, un mundo que necesita el cambio para volverse mejor…
¿Qué tal… si cambiaras tú? Empieza por ahí. Ese sería el ejemplo que dar a aquellas personas cuyas vidas están en contacto contigo. Tarde o temprano, ellos empezarán también sus propios procesos de cambio, y el efecto dominó continuará y sus dimensiones crecerán en progresión geométrica. Es como el marketing multinivel o las estafas piramidales, salvo que en este caso sí que hay una olla de oro al final del arcoíris.
Si todos aportamos nuestro grano de arena, si todos trabajáramos en convertirnos en seres humanos mejores, no sólo gastando más en caridad o dando más a la Iglesia o reciclando o teniendo una mayor conciencia ecológica o trabajando más en voluntariado o ayudando a recaudar más fondos para todavía más niños enfermos y hambrientos, sino haciendo más para trabajar realmente en nosotros mismos con el fin de que, como seres humanos, reconozcamos que de verdad todos los que pisamos este planeta somos uno… Todas las actividades indicadas están bien, pero simplemente no es suficiente, y nunca ha sido suficiente para cambiar sustancialmente el orden del mundo. No podemos dejar que otro muera de hambre, por enfermedad o por derramamiento de sangre, ni podemos permitir que los niños de países más allá de nuestras fronteras crezcan sin educación. Si de verdad somos todos uno, tenemos que trabajar en todas las partes de nosotros que no creen todo eso y que tal vez no quieran que sea verdad.
Tenemos que mirar todos muy dentro de nosotros. Este mundo solo cambiará si todos empezamos ese cambio cambiándonos a nosotros.
Como dijo Gandhi, «sé el cambio que quieres ver en el mundo».


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Thursday, May 4, 2017

Gratitud, elección y el síndrome de ¿por qué me ha pasado esto a mí?


Un atleta olímpico resbala justo antes de cruzar la línea de meta y pierde la carrera más importante de su vida. Un joven que, después de superar innumerables fases de un concurso de ortografía, en la última competición en la que participa comete un error por descuido y queda en segundo lugar, por lo que no puede participar en el campeonato estatal. Una mujer que ha pasado los seis últimos años de su vida esperando, contra toda esperanza, que el hombre con el que sale finalmente se decida a comprometerse con ella, es dolorosamente abandonada por él en presencia de los amigos y conocidos comunes. Una mujer que engaña a su marido no una sino cuatro veces. Tu socio de negocios se marcha dejándote deudas por valor de medio millón de euros. Te diagnostican problemas de corazón justo cuando pensabas que tu vida ya estaba solucionada y podías disfrutar de unos años de jubilación en paz y felicidad. El cáncer golpea, la muerte golpea, la tragedia golpea y eso hace que la mayoría de nosotros nos preguntemos: ¿Por qué a mí?

Las injusticias de la vida

«De alguna manera, esto es tan injusto, tan inmerecido… el destino podría haberme ahorrado este mal trago» –dices, sollozando– «¿Por qué tiene que pasarme esto a mí? Ojalá…» y así sucesivamente. «Mi vida era perfecta hasta que ocurrió esto», te dices a ti mismo. Por culpa de esto, todo lo demás ha dejado de funcionar, o se coloca en un segundo plano hasta que esto esté solucionado… si es que alguna vez se resuelve.

«Tal vez otras personas no se cuidan, comen comida basura, fuman y beben, se merecen estar enfermos, pero no yo… Yo como alimentos saludables… Hay personas que no se entrenan para competir, no se merecen ganar, mientras que yo entreno a diario… Otras personas no estudian sus presupuestos ni controlan los gastos, así que si tienen un desastre financiero, es por su culpa, pero no es mi caso… Yo controlo todo eso perfectamente. Quizá otras personas no traten bien a sus esposas, y se merecen que les engañen, pero no yo, yo soy una buena persona…» Y así sucesivamente.
De esta manera nos justificamos a nosotros mismos lo injusto que es la calamidad o tragedia que nos golpeó, y que de ninguna manera nos merecemos. Clamamos contra lo que nos ha ocurrido y contra los cambios imprevisibles que necesariamente ha forjado en nuestras vidas. Nos concentramos en todos los aspectos negativos… aunque por supuesto, si has recibido un diagnóstico de cáncer, o has perdido a tu cónyuge, tu fortuna, o el trabajo, sería difícil encontrar algo positivo que decir al respecto.

Sin embargo… ¿no es cierto que siempre tenemos elección? (lee también Tomando Responsabilidad por ti mismo).

No tiene por qué ser de esta manera

Mi profesión me permite estar en contacto con muchas personas que me cuentan cosas terribles de sus vidas. Sus historias están legítimamente llenas de dolor, tristeza, desesperación, ira, culpa, resentimiento, celos, pérdidas, desilusión y miedo. Mi corazón está con ellos… no tanto por el contenido de sus historias, sino porque no tienen por qué sentirse de esta manera; comprender y aprender la verdad que hay en esas palabras es, con frecuencia, una de las cosas más difíciles que suelo pedir a mis clientes. Pero una vez que lo consiguen, la vida se hace infinitamente más fácil.
Entonces, ¿cuál es la alternativa a sentirse de esta manera, a tener este dolor tan desgarrador en tu vida?

Cómo llegar a la posibilidad de elegir

Cuando estás lleno de dolor o de cualquiera de esas emociones terribles a las que se hace referencia en el último párrafo, te sientes, evidentemente, desdichado, deseando que las cosas fuesen diferentes, lamentando tu suerte o tratando desesperadamente de encontrar la salida a esa situación.

Ahora imaginemos por un instante que pudieras llenar tu mente con otros pensamientos. No porque «finjas" decirte a ti mismo que los pensamientos negativos ya no están ahí, ni porque «controles" los pensamientos o sentimientos negativos, ni porque «suprimas" los pensamientos negativos, ni nada por el estilo. Todo lo contrario. Podrías llenar tu mente con otros pensamientos no porque seas capaz de erradicar estos pensamientos negativos sino porque eliges tener otros pensamientos.

Elegir tener otros pensamientos

¿Qué?, seguro que estás diciendo ¿Elegir tener otros pensamientos? ¿Cómo puedo elegir? Tengo que concentrarme en esos pensamientos si tengo alguno de estos problemas, porque tengo que tratar de resolverlos o superarlos. No tengo ninguna opción en este asunto hasta que el problema se haya ido.
Para poder tener otros pensamientos, necesitas abrir espacio en tu mente, ya que hay menos sitio si te concentras en los pensamientos negativos. Si puedes conseguir que tu mente gire alrededor de este concepto, habrás dado el primer paso.

A continuación, considera el hecho de que si quieres resolver el problema, es probable que ya hayas hecho todo lo que puedes hacer… al menos por hoy. Por lo tanto, seguir pensando en ello no sirve para nada. Puede ser incluso que, de hecho, sea hasta una pérdida de tiempo. Una pérdida de un tiempo valioso que podrías estar utilizando en elegir hacer de tu día algo bueno, alegre y lleno de satisfacción.

La comodidad de recrearse en la familiaridad de nuestro dolor

«¡Ah, no! –dices– Eso es imposible. Tengo un gran problema. Tengo un terrible sufrimiento emocional. No puedo ser feliz»… ¿ves cómo tus pensamientos divergentes ya están en el territorio del debo aferrarme a mi dolor? A veces, aferrarse al dolor, incluso cuando ya han pasado 20 años desde aquel hecho doloroso, es algo que define al individuo y por eso el individuo siente la necesidad de aferrarse a esa definición. ¿Quién sería sin ese dolor? Eckhard Tolle («El Poder del Ahora») se refiere a esto como el cuerpo del dolor, un lugar donde nos gusta recrearnos, porque nos sentimos cómodos allí, porque hemos estado antes allí muchas veces. Marcharse de allí, elegir otro lugar, es realmente difícil, al menos al principio, porque implica salir de nuestra zona de comodidad o de confort (ve también Saliendo de tu Zona de Comodidad: Miedo a la Expresión Emotiva): salir de ese lugar donde nos sentimos seguros para cruzar el umbral hacia nuevas formas de vivir, donde podamos cambiar totalmente nuestra situación actual (lee también Viviendo el ahora: Úsalo para enriquecer tu vida).

«Esto es una locura –dices– Yo nunca me recreo en mi dolor, en vez de buscar la forma de librarme de él. No soy masoquista. No me gustan ni el dolor ni la preocupación».

Chris Griscom («Sanar Las Emociones») se refiere a ello como cuerpo emocional, una parte de nosotros que está tan atrapada en aquel lugar en el cual ha experimentado los sentimientos más difíciles y dolorosos, que nos resulta extraordinariamente difícil de limpiar, en otras palabras, salir de allí (lee también Entrando al presente: Dejando atrás el no ser consciente).

Queda claro que este dolor también causa mucho estrés. El Dr. David Servan-Schreiber («Curación sin Freud ni Prozac») afirma que «en términos de mortalidad, el estrés constituye un factor de riesgo más grave que el tabaco».

Fuera de la zona de la comodidad y en el nuevo territorio

Bueno. Así que, aquí tienes tus pensamientos de dolor y preocupación, por un lado, y la opción de llevar tus pensamientos hacia otra parte, por otro. Al tomar esta decisión, entras en un nuevo territorio. Entras en un lugar en el que nunca has estado antes, porque si tus reacciones a veces han sido como las que he descrito en este artículo, entonces posiblemente, nunca has elegido deliberadamente ir hacia pensamientos más alegres. Así que, dales una oportunidad. ¿Qué tienes que perder?

Ahora viene la parte algo más complicada. Los nuevos pensamientos que elijas deben significar algo para ti. El solo hecho de pensar en el nuevo coche que te gustaría tener, o en una película que viste anoche, probablemente no sirva. Una cosa muy útil para convertir tus pensamientos es centrarte en algo que tenga significado en tu vida, o en algo que dé sentido a tu vida, que sea independiente de otras personas o de las circunstancias externas para su cumplimiento, es decir, que esencialmente dependa de ti. Digamos, por ejemplo, que estás trabajando para cambiar tu carrera profesional. Entonces, podrías imaginar que tu nueva carrera te dará una enorme satisfacción (por eso la elegiste). (Lee también Buscando un Significado Para tu Vida: Un Paso Importante Hacia la Libertad Personal ). Así que, piensa en ello. Piensa en lo que se siente cuando lo hayas conseguido. Imagínatelo en todas sus facetas. Llena tu mente con la alegría y la satisfacción que se siente cuando ya es una realidad. Imagínate que ya existe. (Lee también Enfocar Intencionadamente: Tu Felicidad, Tu Éxito y la Ley de la Atracción).

Para darle otro enfoque a tus pensamientos también podrías hacer una pequeña lista de todas las cosas por las que sientes gratitud… el ya famoso «Diario de Gratitud», el único elemento que, de acuerdo con múltiples investigaciones llevadas a cabo sobre la felicidad por universidades de la prestigiosa «Ivy League» norteamericana, contribuye tanto a la obtención de mayores índices de felicidad en los individuos como a una mayor duración de la misma.

¿Qué tienes que agradecer cuando te encuentras en un momento «malo» de tu vida? Mucho. Puedes tener salud. Si no, puedes tener a tu familia. Si no, puedes tener amigos maravillosos. Inteligencia, belleza interior, sentido del humor, valentía, tu perro, tu casa, tus ojos chispeantes, etc. ¿Y qué tal el sol que sale por la mañana y acaricia tus mejillas? La lluvia que cuida de tu jardín; el sonido tan maravilloso del viento al rozar las hojas de los árboles; el cachorro de la vecina, que te hace sonreír; las caracajadas del chiquillo de la calle. Todas esas y muchas más son cosas cotidianas que embellecen nuestras vidas y que te pueden dar un sentimiento de gratitud. Elegir pensar en estas cosas es una manera segura de hacerte sentir mejor.

También puedes pensar en el hecho de que al aprender a hacer esto, aprendiendo a elegir tus pensamientos, no solo ahora sino siempre, durante todo el día, todos los días, tu vida comienza a tener la oportunidad de estar llena de alegría por voluntad propia, y no como consecuencia de las circunstancias; que tu vida tendrá la oportunidad de estar estructurada de manera que tenga sentido y plenitud, porque estás trabajando en el control de esas partes de ti mismo que te mantienen hundido, a través de elegir pensamientos que te llevan en distinta dirección. ¿No valdría esto su peso en oro? ¿No te daría un mayor grado de libertad sobre tu dolor? ¿No merecería que le dedicases tiempo y le dieses una oportunidad? Piensa lo siguiente: tu felicidad o tu forma de vivir plenamente ya no dependerá de las circunstancias externas, sino de tu decisión interna de elegir tus pensamientos, con el fin de mantener tu equilibrio interior.

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Una charla de Abril 2017 en Marbella, España, sobre el tema de la tortura de los pensamientos

 

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